Martes, 09 de septiembre de 2008
Historia del FDR


FDR: Un nuevo Frente para un nuevo El Salvador.
Francisco A. Jovel Urquilla
(francisco_jovel@hotmail.com)
En  el ámbito político la refundación o resurrección del Frente Democrático
Revolucionario (FDR), es la verdadera buena nueva que ha recibido nuestro querido
país, tan esquilmado por la derecha pro-oligárquica con la complicidad, por
obcecación, de la izquierda conservadora y reaccionaria que, haciendo uso de
maquinaciones copulares y fraudes, desarticularon el Frente que firmó los acuerdos
de paz en representación de una izquierda plural y unificada. De ese viejo frente
solo ha quedado el nombre del que usufructúan quienes lo han convertido en un
agrupamiento sectario, excluyente, autoritario y cada vez más privatizado a favor
de una argolla de políticos arribistas. Matando la unidad pluralista de la izquierda,
mataron  la esperanza de cambios reales a favor de las grandes mayorías
populares.
Es ante esa frustrante realidad que resurge el FDR para darle continuidad a la lucha
por una revolución democrática y moral con clara opción preferencial por los pobres
y por los trabajadores, en la nueva realidad de nuestro pulgarcito, y en el complejo
marco internacional de una globalización bajo hegemonía del gran capital
transnacional.
El nuevo Frente, el FDR, revive para darle continuidad al legado histórico de sus
instituciones y miembros fundadores, tanto de la disposición de lucha consecuente,
como del espíritu democrático y unificador de toda la izquierda con el que se
desarrollaron las heroicas jornadas de los años 80.
Antes de plantear de manera sintética nuestro actual compromiso político como
luchadores por la defensa de los intereses de la mayoría de salvadoreños, únicos
que pueden ser considerados intereses para beneficio de  todo el pueblo, conviene
recordar los más significativos datos históricos que marcaron el quehacer del FDR
durante los 10 años que constituyeron su primera existencia.
Los antecedentes organizativos del primer FDR los encontramos en la Coordinadora
Revolucionaria de Masas (CRM), la cual se constituyo el 11 de enero de 1980, ésta
era expresión de la unión de cinco organizaciones cívico-políticas: Bloque Popular
Revolucionario (BPR), Movimiento de Liberación Popular (MLP), Ligas Populares 28
de Febrero (LP-28), Frente de Acción Popular Unificada (PAPU) y Unión
Democrática Nacionalista (UDN). La CRM convocó el 22 de enero de 1980 una
manifestación de repudio a la dictadura militar y exigir el cese de la  escalada
represiva, esta se recuerda como la manifestación más numerosa que ha habido en
la historia nacional, se logró reunir a un estimado de 200,000 personas; el
desconcierto de la derecha extremista fue total y arreció la represión llevándola
hasta el asesinato del obispo santo y mártir Oscar Arnulfo Romero el 24 de marzo
de ese año, después de haber pedido públicamente el cese de la represión.
El 1 de abril se integró el Frente Democrático  y pocos días después, el 18 de ese
mismo mes se conforma el FDR; las organizaciones que unieron su accionar fueron:
--La Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM)
--La Asociación General de Estudiantes Universitarios de El Salvador (AGEUS)
--El Movimiento Independiente de Profesionales y Técnicos de El Salvador (MIPTES)
--El Partido Movimiento Nacional Revolucionario (MNR-Socialdemócrata)
--El Movimiento Popular Social Cristiano (MPSC)
--La Federación Sindical Revolucionaria (FSR)
--La Federación Nacional Sindical de Trabajadores Salvadoreños (FENASTRAS)
--La Federación Unitaria Sindical de El Salvador (FUSS)
--La Federación Sindical de trabajadores de la Industria del Alimento, Vestido,
Textiles, Similares y Conexos de El Salvador (FESTIAVSCES)
--El Sindicato de Trabajadores del ISSS (STISS)
--El Sindicato Textil de Industrias Unidas S.A. (STIUSA)
Y como observadores participaron:
--La Universidad de EL Salvador  (UES)
--La Universidad Centro Americana José Simeón Cañas (UCA).
Esta alianza de las organizaciones populares más representativas planteó desde
enero de 1980 La Plataforma Programática para un Gobierno Democrático
Revolucionario, que rápidamente se convirtió en el Programa en base al cual se
unían en un solo torrente los diversos caudales que conformaban la izquierda en
lucha por una Revolución Democrática de claro contenido popular.
Ante todos esos hechos las fuerzas más obscuras de la derecha, el 27 de noviembre
de 1980 secuestraron y asesinaron a la mayoría de miembros del directorio nacional
del FDR, los Compañeros: Enrique Álvarez Córdova, quien desempeñaba el cargo
de Presidente del Frente y el cual aún cuando provenía de una familia de
terratenientes, por conciencia social había abrazado las causas populares, Juan
Chacón (BPR), Humberto Mendoza (MLP), Manuel Franco (UDN), Ernesto Barrera
(MNR).
Una vez que la guerra civil se desató plenamente, a partir de la ofensiva guerrillera
del 10 de enero de 1981, el FDR centró su atención en la búsqueda de una solución
política negociada a la guerra a través de un diálogo directo y sin precondiciones;
después de una intensa jornada de consultas y debates la alianza político-militar de
las fuerzas democrático-revolucionarias llegaron a la conclusión de que la búsqueda
de esa solución negociada debía ser considerada parte componente de su
estrategia, esto les permitió asumir la iniciativa en el plano político, tanto al interior
del país como en el terreno diplomático internacional.
La propuesta de solución política negociada se presentó ante la Asamblea General
de la ONU en octubre de 1981, en 1982 se presentó una nueva propuesta, en 1983
se presentó una propuesta de cinco puntos y en ese mismo año se realizaron las
primeras reuniones pro-dialogo, la primera fue en Bogotá el 31 de julio, luego se
realizaron otras el 29y 30 de agosto y el 29 de septiembre. Esos primeros intentos
se rompieron cuando se hizo evidente que la intención gubernamental era generar
una ruptura en la alianza democrático-revolucionaria, pretendiendo que el FDR
participara en las elecciones presidenciales de 1984 y se aislara y descalificara a las
fuerzas guerrilleras; esa maniobra no prosperó y, al contrario, se siguió persistiendo
en la estrategia acordada, el 9 de enero de 1984, la alianza popular dio a conocer
su propuesta de Gobierno Provisional de Amplia Participación, el cual se plantea
como un mecanismo de transición de la guerra a la paz y, por ende, presuponía
una comprensión de que la realización del programa democrático revolucionario
requeriría de un proceso de larga duración en situación de post-guerra y a través
de métodos de lucha no militar y preferentemente legales y pacíficos.
Después de las elecciones de 1984, la presión interna e internacional en pro de una
solución política se incrementó y se obligo al gobierno y a su presidente, Napoleón
Duarte, a iniciar un proceso de dialogo, así se dan los diálogos de la Palma, el 15
de octubre y la reunión de Ayagualo del 30 de noviembre, después se suspendió
ese esfuerzo inicial, incluso fracasó una reunión en Sesori, convocada para el 1 de
junio de1986, donde se evidenció el limitado control del Presidente gubernamental
sobre los mandos militares quienes pretendían aprovechar el dialogo para tender
una trampa a la delegación democrático-revolucionaria; fue hasta los días 4 y 5 de
octubre de 1987 que, gracias a los buenos oficios del Presidente Costarricense
Oscar Arias y con la participación de la Iglesia Católica como anfitrión e
intermediario que se realiza un nuevo encuentro en la sede de la Nunciatura
Apostólica de San Salvador. Los intentos por darle continuidad a esos diálogos,
hechos en Caracas y en México entre octubre y noviembre de ese mismo año,
fueron suspendidos después del cobarde asesinato de Herber Anaya, coordinador
de la Comisión de Derechos Humanos no gubernamental.
Esta fase de la lucha por encontrar una solución política al conflicto había concluido,
ese propósito debía buscarse a través de nuevas formas de coordinación e
interrelación entre las fuerzas democrático-revolucionarias, el FDR como expresión
de la más amplia y plural unidad de fuerzas políticas populares ya había jugado su
papel histórico, los nuevos esfuerzos por ponerle fin al conflicto tendrían que ser
realizados a partir de una reasignación de roles tanto de las fuerzas político-
militares, como de los partidos políticos y de los organismos gremiales y sindicales
que habían conformado la gran alianza popular, que protagonizó durante la década
de los 80 una de las páginas más heroicas de la lucha de los oprimidos por
transformaciones que conduzcan al establecimiento de un nuevo orden político y
social que se constituya en una auténtica revolución democrática para beneficio real
de la mayoría trabajadora.
Hoy, a más de trece años de firmados los acuerdos de paz y de práctica política en
condiciones de post-guerra, cuando es evidente que, para beneficio de la derecha y
su partido ARENA, de forma progresiva se han ido deteriorando los lazos de unidad
amplia y plural entre las diferentes corrientes de la izquierda y se ha usurpado por
parte de una camarilla sectaria lo que en su origen y en su gesta heroica fue la
casa común de la mayoría de fuerzas democráticas y revolucionarias, se hace
necesario que resurja un esfuerzo deliberados de resurrección y refundación de esa
amplia alianza. Ese es el propósito del nuevo FDR, nuevo espacio organizativo
donde pueden agruparse las más variadas corrientes y tendencias de la izquierda
democrática, sobre la base de una concepción organizativa que privilegia la relación
horizontal  por sobre la vertical; la concertación por sobre la imposición; el
pluralismo, la tolerancia, la fraternidad y la concertación por sobre el sectarismo
ideológico fanatizado; el trabajo en equipo y el reconocimiento del derecho a ser
reconocidos y tratados en condiciones de igualdad política por sobre el mesianismo,
el caudillismo y la tendencia a crear estamentos subordinados a la voluntad
incuestionable de una camarilla de capos.
Solo forjando o, mejor dicho, reconstruyendo esa unidad será posible hacer
realidad la toma del poder político gubernamental por la izquierda y poner a
prueba, para consolidar, la democracia aún precaria que se conquisto con los
acuerdos de paz. Las posiciones basadas en el sectarismo izquierdista, de hech se
constituyen en el más firme aliado de los intentos derechistas por perpetuarse
como amos y señores indiscutidos.
Debemos forjar un Frente Democrático Revolucionario donde sus integrantes
asumamos el siguiente compromiso:  Honrar el ejemplo de los héroes y mártires de
la causa democrática y revolucionaria en El  Salvador; Continuar forjando la  unidad
de las diferentes corrientes progresistas para luchar por lograr hacer de nuestra
patria un país sustentable, en donde todos sus habitantes podamos vivir
dignamente y con verdaderas oportunidades para su realización; Trabajar por la
integración centroamericana y por el desarrollo integral de El Salvador para
asegurar la paz, la democracia, la libertad y el progreso social, basados en la
solidaridad, la efectiva participación ciudadana, la equidad económica y la justicia
social.
Publicado por lalagunachalate @ 12:05
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios